ASPECTOS ECONOMICOS Y SOCIALES |
La población en Honduras tuvo una
tasa promedio de crecimiento entre los dos
últimos censos (1988-2001) de 2.7%
lo que se manifestó en una población
adicional de 1.9 millones de personas; y,
tomando como base esta tendencia, se proyecta
que la tasa de crecimiento para 2001-2021
bajaría levemente a 2.1% anual, dando
como resultado una población adicional,
al final de dicho período, de 3.4
millones de habitantes. Asimismo, las tendencia
demográficas en las próximas
décadas, apuntan a una mayor concentración
de la población en las áreas
urbanas, cambios en la estructura generacional;
y cambios de los patrones y de participación
de la mujer en los mercados laborales, entre
otros. Un aumento de la población
en más de 170,000 personas por año
(según las proyecciones), entre 2001-2021,
tendrá fuertes implicaciones en el
crecimiento de la demanda de vivienda, servicios
de educación, salud, creación
de puestos de trabajo, etc. Que solo podrá
ser atendida de manera adecuada en un escenario
en el cual se produzcan cambios fundamentales
que mejoren el nivel y la equidad en materia
de crecimiento económico.
Sin embargo, las expectativas respecto
al desempeño de la economía
son poco alentadoras. En efecto, durante
el período de 1988-2001, el Producto
Interno Bruto creció en apenas 3.1%
anual; y el ingreso per cápita tuvo
un aumento nada significativo de 0.34%.
De continuar las tendencia, tanto por el
lado de la población como del crecimiento
económico, se estima que el PIB per
cápita al 2021 apenas presentan un
escenario menos pesimista, según
el cual el PIB podría crecer en los
próximos 5 años a una tasa
entre 3.2% y 4.6%; con lo cual el ingreso
per cápita crecería a un poco
más del 2% por año. Aún
con este segundo escenario, el ingreso inferior
incluso al actual promedio centroamericano.
Para efectos de comparación de lo
que ello significa, el ingreso per cápita
de Honduras con relación al ingreso
per cápita actual de Costa Rica,
pasaría de un 23% en 2001 a un 36%
en 2021.
En el área social, particularmente
en educación y salud, Honduras ha
logrado ciertos avances, pero los principales
indicadores de ambos sectores muestran que
las brechas respecto a los promedios de
América Latina son bastantes significativas.
Según las actuales tendencias en
materia de ecuación, para que Honduras
pudiera igualar la escolaridad promedio
con países como Panamá y Costa
Rica serían necesarios aproximadas
24 y 17 años, respectivamente; y
en lo referente a los niveles superiores
de la educación, el rezago es bastante
más amplio, de aproximadamente 100
años respecto a los países
antes mencionados. En el área de
la salud, los rezagos mayores se observan
en desnutrición infantil, mortalidad
infantil y en menores de 5 años y
mortalidad materna.
Al vincular el desempeño del ingreso
per cápita, con los indicadores de
educación y salud, mediante el Índice
de Desarrollo Humano (IDH), Honduras muestra
un leve progreso entre 1990 y 2001. No obstante,
el país ocupa la posición
número 115 de 175 países en
el mundo; y en el contexto de la región
de América Latina y El Caribe ocupa
la posición número 30 de un
total de 33 países. Asimismo, el
bajo ingreso per cápita, y las deficiencias
en materia de desarrollo humano determinan
que un elevado porcentaje de la población
hondureña viva por debajo de la línea
de pobreza elevado porcentaje de la población
hondureña viva por debajo de la línea
de pobreza (64% al 2002, según el
INE); y que las tendencias en cuanto a las
variables que determinan la pobreza indican
que la misma podría reducirse en
no más de un punto menor de 46%,
muy inferior al 32% que se plantea en los
Objetivos de Desarrollo del Milenio al año
2015, según la Declaración
de 2000 de las Naciones Unidas.
Un escenario, que podría provocar
cambios importantes en los indicadores de
ingreso, desarrollo humano y pobreza, es
el que proporcionan las metas de la Estrategia
para la Reducción de la Pobreza,
congruentes en gran medida con los Objetivos
del Milenio de la ONU. En tal sentido, una
implementación exitosa de la ERP,
proyectada hacia 2021, haría factible
los siguientes avances:
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· La pobreza y la extrema pobreza
se reduciría a un 37%.
· La matrícula neta en educación
primaria (1º y 2º niveles de la
educación básica)
sería del 100%.
· Se lograrían avances de
aproximadamente 140% en los otros niveles
de la
educación, así como en la
reducción de las tasas de nutrición
y de mortalidad
infantil y materna.
· Se llegaría al 100% de cobertura
de los sistemas de agua potable y de
saneamiento básico.
· El Indice de Desarrollo Humano
de 2001, de 0.667, superaría el promedio
actual de América Latina y El Caribe,
de 0.777.
Sin embargo, el escenario antes planteado
de la ERP, supone una tasa de crecimiento
de la economía entre 5% y 5.5% anual,
una tasa de crecimiento de la población
menor al 2% anual y, en consecuencia, un
ingreso per cápita creciendo de manera
sostenida a una tasa entre 2.5% y 3% anual.
Ello se relaciona con el hecho que un mayor
crecimiento económico, no solamente
mejora el nivel de empleo e ingreso de las
familias, sino también se manifiesta
en mayores ingresos fiscales, que facilitan
destinar más recursos a la atención
de los requerimientos sociales.
Es importante considerar que el logro de
las tasas de crecimiento económico,
antes mencionadas, no han sido posibles
en las décadas de los ochenta y los
noventa, ya que en estas apenas se alcanzó
2.5% y 3.1%, respectivamente. Sin embargo,
en las décadas de los sesenta y los
setenta, las tasas de crecimiento promediaron
un 5% y 4.8%, respectivamente; sin que en
dichos períodos se hubiese diseñado
e implementado de manera deliberada, una
estrategia de crecimiento, coherente y consistente
con una visión desarrollista de largo
plazo.
Consecuentemente, en el marco de una visión
de país y de una estrategia de implementación
de la misma, se considera factible lograr
tasas de crecimiento igual o superior al
5% y 6% anual, con lo cual se podrían
atender de mejor manera los requerimientos
de carácter social. Para hacer posible
este objetivo, Honduras cuenta con condiciones
y potencialidades, entre las que se destacan
importantes factores naturales, tales como;
su ubicación geográfica respecto
al mercado más grande del mundo;
recursos naturales significativos; y mano
de obra dispuesta para ser utilizada con
mayores índices de productividad.
Asimismo, existe un amplio espacio para
avanzar en la mejora de los factores que
determinan la competitividad de la economía,
especialmente en lo referente a reformas
de política macroeconómica
y de creación de un ambiente más
favorable para la inversión y el
comercio.
En el ámbito macroeconómico,
se plantean importantes desafíos
para las próximas dos décadas,
entre los que destacan.
· Un déficit fiscal del gobierno
central inferior al 1% del PIB, en base
a una presión tributaria y a un nivel
de gasto que, en términos de PIB,
se aproxime al 19% y 20% respectivamente,
con un importante nivel de ahorro en la
cuenta corriente que minimice los requerimientos
de financiamiento externo.
· Una tasa de inflación que
se pueda mantener entre 5% y 6% teniendo
como marco una política monetaria
prudente y acorde con los objetivos de crecimiento
económico.
· Un balance en la cuenta corriente
del sector externo que no supere el 2% del
PIB, meced a un crecimiento sustancial de
la capacidad exportadora de bienes y de
generación de ingresos por servicios
como turismo y maquila.
· Un sustancial aumento del ahorro
interno y de la inversión, así
como de la elevación de la eficiencia
de esta última.
· Un monto de reservas internacionales
que garanticen la estabilidad cambiaria
y la competitividad del comercio exterior.
Asimismo, se considera clave disminuir
los altos índices de concentración
del ingreso y de los recursos productivos,
con el fin de elevar el coeficiente de transformación
del crecimiento económico en reducción
de pobreza, de 0.65 que existe en la actualidad
a cerca del 0.95 que el promedio latinoamericano.
De igual manera, será necesario continuar
incrementando el gasto público social,
especialmente el orientado a los servicios
básicos de educación y salud,
así como incrementar los niveles
de eficiencia y eficacia de dicho gasto.
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