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nal Botuku Sebbe Luba, que se rebeló contra los españo-
les en 1892 y cuyo cuerpo descansa a la entrada de la
propia ciudad.
Muy cerca de la ciudad, en la bahía de Boloko, desembar-
có el Conde de Argelejos en 1778, para tomar posesión
de los territorios del Golfo de Guinea, a bordo de los
buques “Santa Catalina”, “Soledad” y el bergantín
“Santiago”. En conmemoración de dicho evento se erigió
un monumento con una placa en la que se describe la
proeza y se ofrecen loores al Conde.
El mar es suave, tranquilo y profundo y las playas son
amplias, algunas de arena blanca, aunque la mayoría son
de arena tan negra como el azabache. En esta ciudad se
está construyendo un nuevo puerto, que se estima podrá
prestar servicios a unos 12 buques simultáneamente.
El hospital se encuentra a las afueras de la ciudad, y da
cobertura a todos los poblados de la zona. El club náutico
de Luba es un agradable lugar para pasar el fin de sema-
na. En él se puede disfrutar de un buen pescado fresco,
recién capturado, mientras se contempla el mar azul.
El Casino de Luba es ideal para el esparcimiento y tam-
bién un lugar magnífico para disfrutar del agradable
clima de la ciudad. En la planta superior dispone de diez
habitaciones individuales y de una terraza que constituye
un excelente mirador de la enigmática caldera de Luba,
un lugar volcánico aún por explorar, con más de 2.000
especies de flora y fauna.
mos sensuales se puede disfrutar del placer de una cerve-
za helada, de una bebida exótica o simplemente embria-
garse en la contemplación de la particular belleza de las
lugareñas y lugareños.
Luba es famosa, entre otras cosas, por el agua que brota
de su rico manantial. Allí acudían los barcos para abaste-
cerse de tan preciado elemento. La boca del manantial
está presidida por el busto de un célebre fernandino,
Maximiliano C. Jones. Los fernandinos son descendientes
mestizos de Liberianos y Sierra Leoneses, que llegaron a
lo largo de los siglos a trabajar en las plantaciones de la
isla de Bioko. Formaron rápidamente una importante
burguesía de terratenientes y de comerciantes que vivió
mucho tiempo en la capital.
Maximiliano C. Jones arribó a la isla en el último cuarto
del XIX, atesoró fortuna y se estableció a las afueras de
Luba, desde donde gestionaba sus negocios y alcanzó
una notable reputación.
A pesar de su influencia inglesa, colaboró en la financia-
ción de varios proyectos de las Misiones Católicas, como
la Iglesia y el Colegio de Luba.
Luba cuenta con un puerto para los madereros y los pes-
cadores. Se encuentra en una bahía. Su construcción es
muy antigua pero está muy bien conservado y está equi-
pado de las infraestructuras necesarias para su buen uso.
El Bar Miramar, que se encuentra al lado del puerto, tiene
un restaurante y una discoteca. La mejor playa de la isla
se encuentra también en Luba.
Impresionante paisaje de cascadas en la isla de Bioko
Una de las hermosas playas de Ureka